jueves, 22 de enero de 2015

History's Stories Nº1 - Atila y Barbarroja

¡Buenos días, tardes o noches según vuestra zona horaria! Soy Léxuam y traigo una nueva sección del Blog: History's Stories. Yo personalmente soy un gran aficionado a la historia, las antiguas batallas y las guerras, así que pensé que hacer algo sobre el tema estaría bien. Sin embargo, esto no será una clase de historia. Intentaremos captar vuestra atención en ciertas curiosidades o detalles de históricos que no todo el mundo conoce, sin enrollarnos mucho, pero sin hacer algo ridículamente corto.

Una vez introducido en concepto, vayamos con nuestros invitados de hoy: Atila el Huno y Federico Barbarroja. Para cualquiera que haya jugado al Age Of Empires II: The Conquerors Expansion estos nombres no le son desconocidos, pero voy a decir algunas características suyas para que os vayáis familiarizando con ellos:

Atila el Huno, un rey bárbaro que desencadenó la destrucción del Imperio Romano de Occidente. Atila y los hunos marcharon arrasando todo a su paso y llegaron hasta Roma sin muchas dificultades. Se decía que por donde pisaban sus caballos no volvía a crecer la hierba.
Federico Barbarroja era un noble alemán que consiguió el trono del Sacro Imperio Romano-Germánico, convirtiéndose posteriormente en su emperador y teniendo cierta relevancia en La Tercera Cruzada. Y os preguntaréis, ¿qué tienen que ver uno con el otro? Muy fácil: los dos tuvieron las muertes más absurdas de la historia. Ahora os las cuento.

Atila, después de llegar hasta Roma como quien lava y de incluso hablar con el Papa de la época, murió en su quinta o sexta voda. ¿Envenenado? ¿Traicionado, quizás? No, no, no, eso sería muy épico. Murió por culpa de una aceituna. Sí amigos, atragantado con el hueso de una aceituna. ATRAGANTADO. Si eso os parece absurdo, esperad, que aún queda Federico: mientras estaba allá en las Cruzadas, acababa de atravesar un desierto muy duro y seco cuando él y su ejército encontraron un río. Los soldados, sedientos y acalorados, se lanzaron al agua, y Barbarroja no fue la excepción. Pero tenía tanta prisa que no se quitó la armadura y... bueno... murió ahogado por su peso. Es que, de verdad, me río por no llorar.


En fin, hasta aquí todo por hoy (que ya fue mucho), si os gustó dejad un comentario con vuestra opinión sobre cómo dos grandes estrategas y temibles generales pueden acabar muriendo de una forma tan estúpida. ¡Hasta la próxima! ---- Léxuam

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